domingo, 17 de octubre de 2021

EL "PALPATI" Y SU LABOR DE TOCARLE LOS TESTICULOS AL PAPA


Desde Pedro, fue creada la figura de los papas, este puesto es admisible única y exclusivamente para los hombres, sin embargo, a lo largo de los años han surgido varias historias como la de la papisa Juana. El Vaticano para evitar la repetición de estos inconvenientes creó la figura del palpati, un hombre que -literalmente- palpaba los testículos del papa para comprobar su veracidad como hombre.



Aunque utilicen una especie de falda, los más de 250 papas, que desde sus inicios han ocupado un puesto en el Vaticano, han sido hombres.


Oficialmente, si verificamos la historia, desde Pedro hasta nuestros días no encontraremos ni a una sola mujer con este título, pero…


Extraoficialmente, la historia de la Iglesia nos cuenta la existencia de la papisa Juana, una mujer que entre los años 855 y 857 se hizo pasar por hombre y logró ser elegida papa, presuntamente con el nombre de Benedicto III.


Su historia como máxima representante de la iglesia terminó luego de que fue descubierta debido a su supuesto embarazo.


¡Un papa pariendo en la silla de San Pedro!

Eso era totalmente inconcebible, así que para evitar tales sacrilegios el Vaticano instauró la figura del palpati, un individuo -que obviamente debía ser varón- cuya única tarea era la de tocar y manosear los testículos del recién nombrado papa, para así poder dar fe de que efectivamente era un hombre con todas las de la ley.




- “Duos habet et bene pendentes”

- “tiene dos y cuelgan bien”


Esa era la frase que pronunciaba el Palpati tras comprobar que los testículos existían y estaba todo bien con ellos. Esto lo realizaba un joven diácono el cual introducía su mano por un agujero de la sedia stercoraria –un asiento diseñado para esta tarea y en el que el recién elegido se sentaba-, a través de un segundo agujero de la misma, este dejaba colgar su escroto.


Si todo estaba en su sitio, el toca-testículos pontífice gritaba con voz alta la frase “¡Duos habet et bene pendentes!” a lo que los cardenales presentes respondían al unísono y aliviados


- “¡Deo Gratias!” 

- ¡Gracias a Dios!



La sedia stercoraria se expone en el Museo Vaticano para la observación de todos sus visitantes.


Sedia stercoraria


Como dato extra, podemos destacar que según varias fuentes la ceremonia de la comprobación viril del papa fue suprimida por Adriano VI entre 1522 y 1523, lo que vendría a significar que de forma oficial 114 papas (y 228 testículos) fueron sobados y tocados durante los siete siglos que duró aquella extrañísima costumbre.



Sin embargo, algo que confunde esta teoría son las ilustraciones realizadas por Lawrence Banka, que muestran la realización de esta “prueba de masculinidad” al papa Inocencio X, elegido en el año 1644.



domingo, 23 de mayo de 2021

GUERRA CIVIL, LAS DROGAS EN EL FRENTE

El historiador Jorge Marco detalla cómo el consumo de alcohol, tabaco, morfina o cannabis condicionaron la conducta y la moral de los ejércitos de ambos bandos

Captain Coche, government Chief of Transport, drinks communion wine from a chalice taken from a church in Buitrago during the Spanish Civil War, 8th September 1936. Buitrago was a small town near the dams, reservoirs, and aqueducts in the Sierra Norte range which were essential for supplying Madrid with water and for which there was a lot of fighting. (Photo by Fox Photos/Hulton Archive/Getty Images)
Un capitán republicano bebe vino de un cáliz expoliado durante la guerra  Getty Images


Cuando estalló la Guerra Civil, las autoridades republicanas y golpistas tuvieron que enfrentarse a una realidad con la que no contaban: tenían unos ejércitos que necesitaban del alcohol, del tabaco y, en menor medida, de otras sustancias como la morfina o el cannabis para mantener elevada la moral de los soldados, con todo lo que esto suponía en un conflicto bélico.

Y la carencia de estas sustancias tóxicas y adictivas, especialmente en el bando republicano, condicionó directamente la conducta de una tropa que necesitaba estas drogas mucho más que en la vida civil por múltiples razones; entre estas para evadirse de la dura realidad del frente o simplemente para soportar las extremas condiciones de una guerra en la que, al fin, podían morir.

Jorge Marco, profesor de Historia y Política en la Universidad de Bath (Reino Unido) ha publicado la obra Paraísos en el infierno; drogas y Guerra Civil Española (Comares Historia), una amplia investigación que descubre y detalla una realidad hasta ahora desconocida: cómo las drogas se vincularon a las sociedades en litigio en esa España enfrentada.

Pero también, cómo su consumo masivo supuso un auténtico problema tanto en el frente como en la retaguardia. No solo generaba alteraciones de disciplina entre los soldados cuando se consumían en exceso o cuando había carestía, sino que también provocó la expansión de un mercado negro y graves intoxicaciones en las zonas alejadas de los conflictos, especialmente de alcohol y tabaco adulterados.


Un soldado bebe en el frente
Un soldado bebe en el frente.  Biblioteca Nacional


Incluso llegó a ser un problema económico en el caso del tabaco, especialmente en el bando republicano. La penosa gestión durante los primeros meses de la guerra y el posicionamiento de las grandes compañías tabacaleras a favor de los golpistas provocaron su escasez y un gasto oneroso en las arcas republicanas para no dejar a los soldados sin sus cigarrillos diarios. "En el frente, la tropa prefería quedarse sin comida antes que sin cigarros", escribe en su libro Jorge Marco.

En el caso de la morfina y la cocaína, el ejército español "no participó de algunas de las principales corrientes y novedades de la guerra moderna, como fue el uso de sustancias psicoactivas para mejorar el rendimiento de los soldados". Pero Marco añade que la guerra provocó un apreciable incremento de personas adictas a la morfina, "fundamentalmente entre los soldados que habían sido tratados con ella tras sufrir heridas de guerra".

Afirma que "en ningún caso se convirtió en un hábito extendido entre los más de tres millones de españoles que combatieron entre 1936 y 1939". Algo parecido sucedió con el cannabis, consumido por los soldados marroquíes, que llegaron a ser 80.000, y por los soldados que se habían formado en el Norte de África. Pero el autor concluye que fue en la Guerra Civil cuando comenzó a extenderse el consumo de cannabis en España.

En un país donde el alcohol formaba parte de la dieta diaria de los españoles, en el que beber suponía un símbolo de masculinidad y donde en la cultura popular se le presumían virtudes saludables en situaciones de estrés y nerviosismo, no es de extrañar que las autoridades tuvieran que asumir la gestión de una droga que no siempre sacaba lo mejor de cada uno.

Dice Jorge Marco que el ejército republicano y el nacional tuvieron que afrontar un dilema. Por un lado, la costumbre y el contexto de la guerra favorecían un alto consumo de alcohol entre los soldados. Por otro, tanto los discursos en relación con la salud y la moral recomendaban un uso moderado.

En esta contradicción, ambos ejércitos tuvieron que modular los discursos en torno al consumo de alcohol por parte de soldados y civiles. En el bando franquista fueron más exitosos debido a su pragmatismo, siendo más permisivos en el consumo del alcohol. Los republicanos también tuvieron que claudicar, pero con más dificultades dado que les resultó más difícil renunciar a sus principios morales.


Soldados fumando en la trinchera durante la Guerra Civil
Soldados fumando en la trinchera durante la Guerra Civil  Biblioteca Nacional



Pero al mismo tiempo, los estereotipos negativos del alcohol sirvieron a la propaganda de ambos bandos para denigrar al enemigo, representando al otro como un monstruo alcoholizado y degenerado.

La guerra provocó un fuerte incremento de la adicción al alcohol entre los soldados republicanos y franquistas, pero la dictadura de Franco no adoptó ninguna medida para afrontar esta crisis sanitaria. La deshumanización del enemigo realizada por la propaganda golpista y la de la zona republicana fueron el principal estímulo de la violencia pero, como razona Marco, el alcohol se convirtió en un lubricante fundamental: "Su efecto desinhibidor abrió en algunos casos las compuertas de las expresiones más extremas de sadismo".

Apunta además que los soldados "ya fuera antes de entrar en combate o cuando eran avisados de un inminente ataque enemigo, recurrían al alcohol para aliviar el miedo y ganar el coraje necesario". Por ese motivo su consumo fue masivo y combinó todos los licores posibles de ese tiempo, desde el vino hasta la ginebra.

Queda por citar un problema grave que el alcohol causaba entre las tropas cuando su consumo era excesivo o se tomaban bebidas adulteradas. Desde la indisciplina a la psicosis, esta droga dejó en ocasiones a muchos soldados, seguramente necesitados de hincharse a alcohol para vencer el miedo, en nefastas condiciones para el combate.

Cartel de una organización de la Falange para animar a la población a mandar cigarrillos al frente
Cartel de una organización de la Falange para animar a la población a mandar cigarrillos al frente  Biblioteca Nacional



Dice Jorge Marco que una de las realidades poco estudiadas de la Guerra Civil española es la enorme dependencia que los soldados españoles tenían del tabaco de aquellos tiempos. El consumo de cigarrillos (la mayoría de liar y de tabaco negro) era una costumbre social muy arraigada entre la mayoría de la población masculina.

Al igual que el alcohol, el tabaco servía como rito iniciático de los adolescentes para demostrar su hombría. Fumar era un acto social masculino y la adicción era tal que su carencia en el bando republicano fue un factor clave en la desmoralización de sus soldados.

Lo afirma Jorge Marco: "La escasez de tabaco en la zona republicana tuvo una fuerte influencia en la pérdida de moral entre los soldados y civiles que apoyaban esta causa". Y añade que "en contraste, una razonable abundancia de tabaco en la zona insurgente permitió que este artículo se convirtiera en un elemento clave en la construcción de un sentido de comunidad nacional".

Era tal la extensión de la adicción que como dice este historiador, prácticamente todos los hombres fumaban. Incluso aquellos que no lo hacían antes, cuando iban al frente, acababan siendo adictos al cigarrillo. "Las autoridades republicanas e insurgentes tuvieron que hacer frente a un ejército de adictos que demandaban sus dosis diarias de nicotina".




Era tal la dependencia y ansiedad de los soldados que eran capaces de poner en riesgo su propia vida por fumar un cigarrillo. Así, aunque la lumbre del cigarrillo durante las guardias nocturnas desvelaba sus posiciones a los francotiradores enemigos, no podían evitar dar unas caladas a sus pitillos.

También contravenían las órdenes de sus superiores, entablando conversaciones con el enemigo para intercambiar tabaco y papel de fumar, como sucedió de manera intensiva en los primeros días del asedio al Alcázar de Toledo.

Soldados liándose cigarrillos en el frente
Soldados liándose cigarrillos en el frente Biblioteca Nacional



"La moral de los combatientes en el frente y de los civiles en la retaguardia pendía de un hilo tan fino como una hebra de tabaco", dice Marco. Y añade que "con él se sentían fuertes y animados (...) y sin él la desmoralización se propagaba como si se tratara de una epidemia".

Cuando estalló la guerra, en la España republicana el gobierno legal no supo gestionar con éxito la producción y distribución del tabaco a través de la Compañía Arrendataria de Tabacos (CAT), aunque el producto en tiempos de paz había permitido suculentos ingresos al Estado.

Esta mala gestión provocó una enorme carestía de tabaco, especialmente a los pocos meses de iniciarse el conflicto bélico, de tal manera que las raciones de cigarrillos a los soldados del ejército republicano eran cada vez más escasas, e incluso nulas.

No fue así en el bando franquista, donde el apoyo de las compañías tabaqueras le permitió mantener un buen ritmo de importaciones, producción y distribución. Su problema, en cambio, fue la escasez de papel de liar, pues las fábricas estaban en la zona republicano.

Fotografía de una cocainómana
Fotografía de una cocainómana Biblioteca Nacional



Jorge Marco subraya que la falta de tabaco en la zona republicana y de papel en la zona insurgente fomentó el intercambio de estos productos en las trincheras. De este modo, "al reconocer la necesidad del otro, el tabaco dotaba de humanidad al enemigo en una guerra caracterizada por la deshumanización del contrincante".

Desde comienzos del siglo XX hasta el comienzo de la guerra civil la morfina y la cocaína eran identificadas en España con el vicio, la criminalidad y la degeneración, dice Marco en su libro. Al igual que el alcohol, "los estereotipos negativos de la morfina y la cocaína fueron utilizados por la propaganda republicana e insurgente para denigrar al enemigo".

Pero el historiador deja claro que además del uso clínico, "hay constancia de su consumo sin aprobación médica por parte de combatientes de ambos ejércitos". Lo cierto es que la morfina y era una sustancia clave en los ejércitos, se usaba para paliar el dolor de los heridos.

Ante el aumento de adicciones durante la guerra, la dictadura prefirió no reconocer el problema y no aplicar ningún programa de desintoxicación, sino que durante los años 40 el Estado suministró gratuitamente esta sustancia para que la crisis sanitaria no se tradujera en una crisis social.

Inyección de morfina
Inyección de morfina Biblioteca Nacional


Respecto al hachís fue distribuido por el ejército franquista para compensar a los soldados marroquíes. Esta influencia fue la que introdujo el consumo de esta sustancia en España en las décadas posteriores. En esos tiempos no levantaba ningún escándalo, sino que tan solo se consideraba una sustancia no peligrosa propia de los entonces llamados "moros", con sus connotaciones racistas de la época.

Ahora bien, al mismo tiempo se extendió la idea de que había una nueva droga en EE.UU. -la marihuana- era diabólica, lo que muestra el completo desconocimiento que tenían en la época sobre qué era el cannabis.




https://www.lavanguardia.com/historiayvida/historia-contemporanea/20210522/7462745/grogas-alcohol-tabaco-morfina-guerra-civil-espanola-jorge-marco.amp.html

domingo, 7 de febrero de 2021

Silver, el espía de cinco naciones en la WWII

 Conocido como Silver, Bhagat Ram Talwar fue espía durante la Segunda Guerra Mundial. Lo que llama la atención de su trabajo es que no sirvió a un único país, sino que fueron vario los que recibieron sus servicios, hasta cinco naciones enemigas que quisieron su trabajo.

Bhagat Ram Talwar



Esta apasionante historia fue revelada por el escritor Indio Mihir Bose (12 de enero de 1947), en su obra "Silver". The Spy Who Fooled the Nazis. The Most Remarkable Agent of the Second World War. En su libro explica que en el campo de actuación de Silver era, principalmente, la India. Una biografía que comienza cuando en 1930 Talwar decide convertirse en agente secreto para los comunistas tras la ejecución de su hermano Harikishan. Su mayor misión fue ayudar a huir de la India a Subhas Chandra Bose, líder del movimiento para la independencia de la India.

Llegados a Afganistán, Bose creyó que podría entrar en la Unión Soviética, pero no fue así. Puesto que Alemania no ofrecía una solución, Talwar se puso en contacto con el embajador italiano Pietro Quaroni.
Bhagat se ofreció a ser uno de sus espías. Su misión consistía en viajar de Peshawar (Pakistán) a Kabul (Afganistán) para proporcionar información a los fascistas y armar a la insurgencia independentista. Aunque aceptó, donó parte de sus ingresos al Partido Comunista de su país.



Gracias a una visita a la embajada Rusa, los rusos descubrieron en él a un camarada que gozaba de la confianza de los nazis. Lo que le llevó a convertirse en agente secreto compartido por Rusos y Ingleses. Japón es la quinta nación que confió en su labor. En este caso, Silver decidió convertir a algunos nipones en agente dobles a las ordenes de los servicios secretos británicos. 


domingo, 27 de diciembre de 2020

DESCUBREN EN POMPEYA UN TERMOPOLIO, UN RESTAURANTE AUN CON RESTOS DE COMIDA

El área arqueológica de Pompeya, la ciudad destruida en el 79 dc. por la erupción del Vesubio no deja de sorprender y hoy se comunicó el hallazgo de un termopolio, el lugar donde se servía comida y bebida a los habitantes, intacto y decorado y con aún restos de alimentos. El ministerio de Cultura italiano y el área arqueológica anunciaron lo que consideraron "otro descubrimiento extraordinario en Pompeya, en las nuevas excavaciones emprendidas dentro del proyecto de mantenimiento y restauración de la Regio V".

Se trata de termopolio, donde se solía servir comida a las clases más bajas de la ciudad, perfectamente conservado con el mostrador con la imagen de una ninfa marina a caballo y otros animales con colores tan brillantes que parecen tridimensionales, explican. Pero lo que más ha sorprendido a los arqueólogos es el descubrimiento en los envases con restos de esta comida que se vendía en la calle y que es el origen de la "comida para llevar".



De hecho, era costumbre de los pompeyanos consumir alimentos y bebidas calientes al aire libre y los arqueólogos y expertos que trabajan en el parque arqueológico de Pompeya ya están estudiando el material para comprobar cuánto este descubrimiento puede ampliar el conocimiento sobre los hábitos alimentarios de la época romana. 
Se realizarán varios análisis en el laboratorio para conocer el contenido de las "dolia"

"Además de ser un testimonio más de la vida cotidiana en Pompeya, las posibilidades de análisis de este termopolio son excepcionales, pues por primera vez se ha excavado todo un entorno con metodologías y tecnologías de vanguardia que están devolviendo datos inéditos", explicó Massimo Osanna, director general del Parque Arqueológico de Pompeya.

Ahora con un trabajo interdisciplinario se realizarán varios análisis en el laboratorio para conocer el contenido de las "dolia", los recipientes de barro en los que se cocinaba la comida en la antigua Roma. Las decoraciones del mostrador del termopolio -las primeras en emerger de la excavación - muestran en el frente la imagen de una nereida (ninfa) a caballo en un entorno marino y, en el lado más corto, la ilustración probablemente de la misma tienda como un letrero comercial. Además, en el termopolio se encontraron diferentes materiales de despensa y de transporte: nueve ánforas, un recipiente en bronce, dos frascos y una olla de cerámica.



El suelo de toda la sala está formado por el llamado "cocciopesto", un revestimiento impermeable formado por fragmentos de terracota en el que se han insertado fragmentos de mármol policromado en algunos puntos. Los termopolios, donde se servían bebidas y comida caliente, como indica el nombre de origen griego, conservados en grandes dolia (tarros) incrustados en el mostrador de mampostería, eran muy habituales en el mundo romano, donde era costumbre consumir el prandium (la comida) al aire libre.

Solo en Pompeya hay unos ochenta, pero ninguno con el mostrador completamente pintado, lo que confirma la naturaleza excepcional del hallazgo.


El primer análisis de los alimentos

Los primeros análisis confirman que las pinturas del mostrador representan, al menos en parte, los alimentos y bebidas que realmente se vendían dentro del termopolio: dos ánades reales están representados entre los cuadros del mostrador y, de hecho, se ha encontrado un fragmento de hueso de pato dentro de uno de los recipientes, junto con cerdo, cabras, pescados y caracoles de tierra, atestiguando la gran variedad de productos de origen animal utilizados para la elaboración de los platos. Por otro lado, los primeros análisis arqueobotánicos permitieron identificar fragmentos de roble caducifolio, probablemente pertenecientes a elementos estructurales de la encimera. En el fondo de un dolio, identificado como un recipiente de vino en la base de la botella para beber, que se encuentra en el interior, se identificó la presencia de habas, intencionalmente molidas, que como aseguraba Apicius se utilizaron para modificar el sabor y el color del vino, blanqueándolo.



Otro dato interesante es el descubrimiento de huesos humanos, hallados parcialmente alterados por el paso de túneles realizados en la época moderna por excavadoras clandestinas en busca de objetos preciosos. Algunos son de un individuo de al menos 50 años que probablemente estuvo posicionado sobre un lecho del que quedan rastros al momento de la llegada de la corriente piroclástica que arrasó la ciudad. Otros huesos, aún por investigar, pertenecen a un segundo individuo y fueron encontrados dentro de un gran dolio, quizás colocado allí por los primeros excavadores. 



Fuente: 

https://www.lavanguardia.com/cultura/20201226/6150111/pompeya-hallazgo-termopolio-restaurante-comida-rapida.html?utm_medium=social&utm_source=facebook&utm_content=cultura


domingo, 29 de noviembre de 2020

FLYKART 2, EL VEHÍCULO VOLADOR UNIPERSONAL

 Desarrollar una aeronave capaz de despegar en vertical -o que necesite un terreno mínimo para hacerlo-, apenas ruidosa, segura y que transporte a una persona a una distancia algo superior a 30km, sin recarga de baterías ni repostaje. Estas son las condiciones del concurso GoFly, patrocinado por Boeing. El certamen ha entrado ya en su tercera fase, y un jurado compuesto por especialistas y profesionales de la industria aeronáutica ha seleccionado cinco prototipos entre 31 propuestos por diseñadores de todo el mundo.



Entre los elegidos para la gloria destaca este FlyKart 2, de la firma californiana Aerospace, una segunda versión de un vehículo anterior. Parece surgido de un fascinante futuro de cielos poblados por pequeñas aeronaves privadas. Junto con los otros cuatro aspirantes -si no hay sorpresa-, competirá para llevarse el triunfo; además de buena parte de los alrededor de 1'4 millones de euros a repartir en premios.




MANDAR A AL GENTE AL CIELO. Según GoFly, el objetivo de su concurso es impulsar la creación de aeronaves unipersonales simples. Es decir, fáciles de manejar en cualquier entorno y por cualquiera, ya sea joven o viejo, urbano o habitante del campo, experto piloto o novato... Suena tan bonito como utópico: ¿de qué forma podría organizarse el tráfico de miles de estos aparatos en manos de todo tipo de personas? Pero eso es otra historia.



 

domingo, 26 de julio de 2020

EL ORDENADOR SOVIÉTICO QUE FUNCIONABA CON AGUA EN VEZ DE ELECTRICIDAD

Mucha tecnología e innovación se han tenido que dar para que hoy en día tengamos chips de 5 nm con millones de transistores en apenas unos milímetros de superficie. En las primeras etapas de la computación, cuando los ordenadores ocupaban habitaciones enteras, un ingeniero soviético diseñó uno que funcionaba, literalmente, con agua.


Estamos hablando de Vladimir Lukyanov y su integrador de agua. En 1936 el ingeniero creó una máquina que le permitió calcular mejor la estabilidad de las estructuras de hormigón armado para los ferrocarriles que se estaban construyendo en las tierras de la URSS. Una máquina tan ingeniosa como curiosa.

Vladimir Lukyanov trabajaba en la construcción de los ferrocarriles de la URSS en la década de 1920. Uno de sus trabajos era garantizar la calidad de las estructuras con hormigón armado que construían. Debido a las extremas temperaturas a menudo el hormigón se agrietaba por lo que tuvieron que buscar mejoras en la composición del hormigón para evitar estas situaciones. Las grietas dependían de varios factores como la temperatura, el tipo de cemento utilizado, la cantidad de cada producto mezclado... Diferentes variables que daban siempre un resultado diferente. Vladimir Lukyanov pensó que todo eso se podía calcular mejor con su invento.

Una obra maestra de la... fontanería
Para entender la máquina de Vladimir Lukyanov debemos entender primero cómo funcionaban los ordenadores antiguos. Estos ordenadores mecánicos eran al final un conjunto de engranajes y palancas. Moviendo y cambiando la posición de una palanca o engranaje se obtenía un resultado diferente debido a que todo estaba interconectado entre sí. Es decir, esencialmente se juega con las variables para obtener rápidamente un cálculo viendo cómo afecta al resto de variables y al resultado final.

El ordenador de Vladimir Lukyanov sin embargo no usaba engranajes para calcular, en su lugar apostó por el agua. El ingeniero se dio cuenta que el flujo del agua es muy parecido a la distribución del calor y cómo este afecta a los materiales. Extrapolando esto, creó una máquina en la que podía "visualizar" la distribución del calor en forma de niveles de agua. Así es como creó su obra maestra en 1936, el integrador de agua de Vladimir Lukyanov fue durante un tiempo la única máquina capaz de resolver ecuaciones diferenciales parciales.



Aproximadamente del tamaño de un armario, el integrador de agua estaba repleto de tuberías y bombas a presión conectadas entre sí. Una obra maestra de la fontanería. Era cuestión de ir modificando y jugando con la cantidad en cada variable para ver cómo fluía el agua y cambiaba "en tiempo real" los resultados que se representaban en un gráfico.


Un método utilizado durante más de cuatro décadas
A lo largo de los años el integrador de agua fue evolucionando gracias a nuevos modelos que hacían cálculos más complejos y precisos. La máquina pasó a utilizarse en más sectores aparte del de la construcción y la ingeniería térmica. Fue producido en masa y se utilizaba en instituciones académicas y laboratorios de todo el país. Parte de los cálculos realizados en la carrera espacial soviética fueron hechos con esta máquina.


Lo sorprendente es el enorme valor que llegó a tener. Incluso después de que aparecieran mejores ordenadores ya electrónicos, el integrador de agua se siguió utilizando hasta la década de los 80. Durante estos cuarenta años ayudó en multitud de campos de investigación y cálculo.

Encontrar actualmente un integrador de agua soviético que siga funcionando no es tarea sencilla. Sin embargo esta técnica sí que se ha utilizado para desarrollar otro tipo de máquinas. Uno de los más interesante es el Moniac Economic, un ordenador hidráulico creado por el neozelandés Bill Phillips en 1949 para representar el flujo del dinero... con agua.

sábado, 4 de julio de 2020

HISTORIA DE ABORTO



La práctica de interrupción voluntaria del embarazo fue aceptada por determinadas culturas en la Antigüedad y rechazada por otras. En el siglo XXI la autonomía femenina sigue en discusión. Un repaso de las miradas más significativas en torno al aborto a lo largo del desarrollo de la humanidad

La noción de aborto varió a lo largo de la historia, así como las actitudes ante esta práctica, desde la tolerancia a la prohibición. Ya en el llamado Papiro de Ebers redactado cerca del año 1500 a.C. se mencionan recetas para detener el embarazo en el Antiguo Egipto. Una de ellas incluía la fruta inmadura de la acacia, dátiles y cebollas trituradas con miel. Mientras que en el Papiro de Kahun se sugiere el excremento de cocodrilo para prevenir el embarazo y como abortivo. En excavaciones arqueológicas se han hallado instrumentos para practicar abortos en China, Persia e India.

Hasta principios del siglo III, cuando empezó a imponerse una moral precristiana, en el mundo grecorromano el aborto no fue considerado ni crimen ni delito. De hecho, como señala la historiadora italiana Giulia Galeotti, era una cuestión exclusivamente de mujeres. Sócrates lo consideraba un derecho materno: los hombres no tenían voz en estos asuntos. El aborto se encontraba ampliamente difundido en todas las clases sociales. Era moralmente aceptado y no era considerado delito.

  "Es equivocado llamar estatua al cobre en estado de fusión y hombre al feto", escribió el filósofo estoico Epicteto en el siglo II. Para filósofos como Aristóteles, el feto comenzaba a vivir recién a 40 días de la concepción si era masculino y a los 80 si era femenino. En antiguos textos romanos como Historia Natural, de Plinio el Viejo, se habla de plantas con funciones abortivas como la ajedrea, ya conocida en la antigua Grecia, y una especia llamada silfio que crecía en la colonia de Cirene, en lo que hoy es Libia. En otros casos, se sometían a procedimientos quirúrgicos. Como cuenta el historiador griego Konstantinos Kapparis en su libro Abortion in the ancient world, el aborto por lo general era realizado por una comadrona y a veces por la propia mujer embarazada. Pero casi nunca por médicos. En el siglo I a.C. el poeta Ovidio llegó a comparar los peligros y heridas de la guerra para hombres con los peligros del aborto para mujeres.

Durante siglos, la mujer fue valorada exclusivamente en tanto que era fecunda, un campo seminal. Los romanos culpaban a las mujeres cuando una pareja no conseguía tener hijos, y este era el motivo de divorcio más habitual. Su función social era ser madre. Aquellos que condenaban el aborto a menudo lo hacían para proteger los derechos de propiedad del padre, avasallados por la decisión de la mujer.

  "Si una mujer era violada —señala el historiador inglés Jerry Toner en el libro El mundo antiguo— llevaba la vergüenza de por vida. Una historia cuenta que una joven romana violada murió después de realizarse un aborto. Mientras su cuerpo era llevado al funeral, la gente gritaba «¡obtuvo lo que se merecía!»".

En el siglo II, el médico griego Sorano de Efeso ya hablaba de aborto terapéutico en caso que la gestación pusiera en peligro la vida de la madre: en esos casos se privilegiaba la vida de la gestante porque al nonato no se lo consideraba un ser formado.


Inaceptable

Con el tiempo, el aborto fue considerado como manifestación de una inaceptable autonomía femenina. En el mundo hebreo, donde dominaba el deseo de poblar la tierra para defender la propia supervivencia y la presencia divina, se consideraba a la fecundidad como una bendición del Señor y constituía un horror el derramamiento de semen y de sangre.

El documento cristiano más antiguo de condena al aborto que se conoce es la Doctrina de los Doce Apóstoles, de alrededor del año 100. El aborto era equiparado como pecado a la inmoralidad sexual. En el siglo VIII, los Capitula Theodori, un manual de penitencias atribuido a Teodoro, arzobispo de Canterbury, imponía que "las mujeres que aborten antes de que el feto tenga alma, hagan penitencia por un años, tres cuaresmas o cuarenta días".
   
Hasta mediados del siglo XVIII, aquello que crecía en el útero materno fue considerado solo como un apéndice del cuerpo de la madre, parte de sus vísceras y recién se animaba — es decir, alma y cuerpo se unían — en el momento del nacimiento. "Mientras aún se encuentra en el árbol, el fruto forma parte del mismo — indicó en 1745 el teólogo y jurista Francesco Emanuele Cangimila — como el niño que está en el útero forma parte de la madre".
   
Los vaivenes históricos de la percepción sobre el aborto resuenan en el siglo XX. La legislación que criminaliza la interrupción voluntaria del embarazo se convirtió en el emblema de la expropiación del cuerpo y de la identidad femenina.

Estados Unidos y Europa

Antes de mediados del siglo XIX, en Estados Unidos, las drogas para inducir abortos se anunciaban en los periódicos y se podían comprar en farmacias. Incluso a través del correo, como las pastillas de raíz de algodón, conocidas como "reguladores femeninos". Por entonces, al feto no se lo consideraba ni por asomo una persona hasta que una mujer embarazada sentía los primeros movimientos fetales, un fenómeno conocido como quickening o aceleración. Según la historiadora Leslie Reagan, las leyes contra el aborto se generalizaron en la segunda mitad del siglo XIX más para evitar envenenamientos que por una cuestión moral, política o religiosa. Para 1900 era ilegal, excepto en casos donde corría peligro de muerte la madre. Aun así las mujeres continuaban abortando, a puertas cerradas o en casas privadas.

Se estima que en las décadas de 1950 y 1960 los abortos ilegales oscilaban entre 200 mil a 1,2 millón por año. Inspirados por los movimientos por los derechos civiles, masivas movilizaciones para la liberalización del aborto se dieron en 1965 en Estados Unidos. Los abortos finalmente se legalizaron en una sentencia histórica y controvertida de la Corte Suprema de 1973, conocida como el "caso Roe vs Wade". Los estados han promulgado más de 1074 leyes para limitar el acceso al procedimiento, según el Instituto Guttmacher, una organización de derechos sexuales y reproductivos. El tema llegó a niveles de violencia tal que las clínicas que realizan abortos tienen vidrios blindados y a los médicos se les proveen chalecos antibalas por miedo a ataques armados de extremistas provida.

En Inglaterra

Hay un antes y un después del Abortion Act de 1967, si bien en 1920 la ley inglesa no lo consideraba delito si se "hacía de buena fe con el único fin de preservar la vida de la madre". Para Alemania occidental y Francia el año crucial fue 1971. "Wir haben abgetrieben!" (Hemos abortado) fue el titular en la portada de la revista alemana Stern del 6 de junio de aquel año. En el artículo 374 mujeres se confesaban públicamente. En 1976, Alemania Occidental legalizó la interrupción del embarazo hasta las doce semanas de gestación por razones de necesidad médica, delitos sexuales o graves problemas sociales o emocionales. Los abortos están hoy cubiertos por el seguro de salud público. Se estima que se realizan 6 abortos por cada 1000 mujeres de 15 a 44 años.

En Francia
La escritora Simone de Beauvoir escribió el Manifiesto de las 343 sinvergüenzas (Manifeste des 343 salopes), publicado en Le Nouvel Observateur el 5 de abril de 1971. En él decía: "En Francia cada año un millón de mujeres aborta en peligrosas condiciones a causa de la clandestinidad a la cual se ven condenadas. Esta operación, efectuada en medio hospitalario, no presenta mayores riesgos. El destino de estos millones de mujeres es silenciado. En consecuencia yo declaro formar parte de ellas. Declaro haber abortado".

Cuatro años más tarde, el 17 de enero de 1975, finalmente fue promulgada la "Ley Veil" que autorizaba el aborto libre y gratuito hasta las 10 semanas de embarazo.

En España

Tradicionalmente muy influenciada por la doctrina de la Iglesia Católica, no permitió la interrupción voluntaria del embarazo bajo ningún supuesto hasta el año 1985. La única excepción la constituye Cataluña durante la Guerra Civil. Ante el vacío de poder que se vivía a nivel nacional, la Generalitat vio aumentadas sus competencias y, entre 1936 y 1938, en medio del sangriento conflicto bélico, Cataluña permitió la libre interrupción del embarazo en cuatro supuestos. Estos eran: enfermedades físicas o mentales de la madre, razones eugenésicas, control de la natalidad y cuestiones éticas.

Bajo el régimen del general Franco (1939-1975) el aborto estuvo absolutamente prohibido. Resultaba incluso impensable el mero planteamiento del mismo como una práctica legal. En el Código Penal, concretamente en el artículo 416, se determinaba que se arrestaría o castigaría con una multa a aquella persona que proporcionara información o los medios necesarios para practicar un aborto. Solo en el caso de que la embarazada fuera una madre soltera, se aplicaría una reducción de la condena si se alegaba el lastre y vergüenza que un/a niño/a nacido en tales circunstancias provocaba a la familia. Cuestión aparte son las posibles interrupciones ilegales del embarazo. Las prácticas de abortos ilegales acababan, en la mayoría de ocasiones, en muerte para la madre debido a las infecciones y pésimas condiciones en que se realizaba la operación.

Con la muerte del dictador y la llegada de la democracia a finales de 1975 se inició una nueva etapa. El proceso para la legalización del aborto en España comenzó de la mano del gobierno de Felipe González, quien pretendía aprobar una despenalización en tres supuestos: violación, peligro para la vida o salud de la madre y malformación del feto. En octubre de 1983 se votó en el Congreso el conflictivo proyecto de ley. Algunas de las intervenciones de los diputados de la derecha fueron verdaderamente críticas e incisivas con la propuesta socialista. La anécdota la protagonizó el diputado de Alianza Popular Carlos Ruiz Soto. Médico ginecólogo, al ser llamado para emitir su voto gritó un contundente ¡no al aborto!
La tensión no solo flotaba en el Congreso, la calle también vibraba; las protestas y manifestaciones a favor y en contra de la despenalización se sucedieron por toda España. Esta polarización social también se vio reflejada en los diarios de la época: el ABC se posicionó en contra, Diario 16 se manifestó a favor... Alianza Popular decidió actuar para tratar de revertir el proyecto de ley y, en diciembre de 1983 presentó, a través de José María Ruíz Gallardón, un recurso de inconstitucionalidad ante el Tribunal Constitucional.

Finalmente, tras dos años de espera, el  TC emitió su veredicto: la propuesta presentada por Alianza Popular no prosperó,  el gobierno de González ajustó la ley en concordancia con las enmiendas del Tribunal y, finalmente, esta entró en vigor el 12 de julio de 1985. Se iniciaba así una nueva etapa en la historia de España: la ley despenalizaba la interrupción voluntaria del embarazo en las primeras 12 semanas en el supuesto de violación, 22 semanas en caso de malformaciones en el feto y sin límite en caso de existir riesgo grave para la salud o vida de la madre.

Durante veinticinco años la ley se mantuvo en vigor sin modificación alguna. Veinticinco años en los que, no obstante, la polémica y el debate continuaron rodeando al aborto y, en el año 2010, el baúl de la polémica volvió a abrirse de par en par. Con Zapatero y los socialistas en el poder, España asistió a la aprobación de una ley de plazos que permitía el aborto libre en las primeras catorce semanas de gestación. Durante el debate del anteproyecto de ley, el Partido Popular, al igual que en 1983, presentó un recurso ante el Constitucional. La ley, no obstante, acabó entrando en vigor bajo el nombre de “Ley de Salud Sexual y Reproductiva y de la Interrupción Voluntaria del Embarazo”. La nueva ley se publicó en el BOE en marzo de 2010. España parecía avanzar por el camino de la liberación femenina y social.

Esa ilusión de la liberación de la mujer y de su cuerpo duró tres años: en el 2013 el Gobierno del Partido Popular presentó una reforma a la ley de Zapatero. La reforma se perfilaba incluso más restrictiva que la ley de 1985. Las protestas e indignación sacudieron el país. Tales fueron las presiones que Mariano Rajoy y sus ministros se vieron forzados a rectificar, presentando en 2015 un nuevo borrador. Finalmente se decidió mantener la ley de Zapatero, pero introduciendo una modificación: las jóvenes de 16 y 17 años deberían contar con el consentimiento paterno para abortar (la ley de Zapatero determinaba que los progenitores debían ser informados, pero que la decisión final correspondía únicamente a la joven). La reforma de Rajoy continúa vigente en la actualidad.